Echar
a suertes quién comenzaba a jugar o la distribución de los jugadores en parejas
o equipos se convertía en un juego en si mismo con multitud de adaptaciones a
cada localidad.
En Campillo de Aragón las
cancioncillas de las niñas más habituales eran:
Pizco, pizco gorgorito
blinca las cabras de San
Francisco
mi hermanita la tunita
me quito una sabanita
fuera de oro, fuera plata
salte tu por la puerta falsa
del niño Jesús.
Plon, un paquete de algodón
pa ti pa ton
me lo comí
si soy golosa
mejor
para mí.
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Niños de la escuela de Montón |
En Munébrega nos cantaron las siguientes fórmulas que
cantaban las niñas en sus juegos:
Una dola,tola catola, gila
gilete,
estaba la reina en su gabinete.
Salió Gil, apagó el candil,
Gil Gilón, cuenta las veinte,
que las veinte son.
Una dela, tela catola, quin, quirinela,
estaba la mona en su cadea,
fue Gil, apagó el candil,
Gil, Jol, cuéntalas bien,
que las veinte son.
-Mi papá tiene un coche gabiné
dime niña bonita de qué color
es?
-Blanco.
-Esta niña bonita dice
que lleva el color blanco.
(Si llevaba el color
blanco se salvaba)
-Mi papá tiene un cajón
lleno de sal ¿Cuántos son?
-Tres.
-Un, dos tres.
Otras fórmulas usadas en Inogés
eran similares:
Pimpinico, tortolico
vendió las habas a veinticinco
¿en qué corral?
¿En qué calleja?
Sáltala tú por la puerta la
vieja.
Estaba Martín debajo la cama
con la chicharra y el violín.
Tuturutú que te salves tú.
Otras
formas de echar a suertes eran tirar una moneda al aire, eligiendo cara o culo,
o bien, jugárselo a pares o nones. Otras
opciones eran lanzar una piedra para ver quién se acercaba más al objetivo o
bien seguir las instrucciones del líder de la pandilla: “¡el último que toque
la puerta”! El sistema más extendido entre los niños para formar dos bandos era
echar pies.
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