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jueves, 26 de febrero de 2015

Cerca de las ventanas de nuestra escuela, de Jaraba

Las letras de todas las canciones escolares reflejan los valores dominantes de la posguerra: niños sumisos, formales y respetuosos con sus mayores. Casi nadie estaba escolarizado los ocho años que imponía la ley. Los padres sacaban antes de la edad reglamentaria a sus hijos para trabajar en el campo y a las hijas, para servir en casas particulares. En tal caso, los padres hablaban con los maestros y les comunicaban que su hijo ya no asistiría más a la escuela. En las localidades más importantes había escuelas nocturnas para quienes no habían podido asistir de pequeños con asiduidad, donde se repasaban los contenidos  básicos de cultura general, leer, escribir y aritmética.

Foto escolar de Fuentes de Jiloca
-Cerca de las ventanas de nuestra escuela, de Jaraba:

Cerca de las ventanas de nuestra escuela,
alegres pajaritos revolotean,
y en sus gorjeos parece que nos dicen:
sed siempre buenos.

Nosotros contestamos:
ya lo sabemos,
respeto a la maestra siempre tendremos,
hemos de estar atentas en la clase
para estudiar. 

martes, 24 de febrero de 2015

Al salir de la escuela

Cada día por la tarde, cuando salían de la escuela, niños y niñas iban a buscar la merienda  a sus casas, para formar seguidamente sus cuadrillas, que se lanzaban a jugar por las calles hasta la hora de cenar. Merendaban chocolate con pan, a veces una rebanada de pan untada con aceite o bien,  sopetas, que eran pan con vino, espolvoreado con azúcar. No estaban generalizadas las tareas escolares, ni  existían las actividades extraescolares; la tarde era un tiempo privativo de los niños hasta que empezaban a trabajar, un oasis de juego libre para una infancia despreocupada, centrada sólo en sus relaciones entre iguales y sus creativos juegos.

Niños y niñas de Pardos, hoy un pueblo abandonado
-Al salir de la escuela, de Huérmeda:

Y al salir de la escuela a casa me iré,
a jugar por las calles jamás me detendré.

Niñas en fila, manos atrás,
y con paso firme nos vamos a marchar.

Hemos concluido por hoy de trabajar,

adiós, clase querida, nos vamos a descansar. 

Niños y niñas de la escuela de Montón

miércoles, 18 de febrero de 2015

Vamos a la escuela (Monreal de Ariza)

En los días más fríos de invierno, niños y niñas iban al colegio con una rejilla llena de lumbre, que llevaban de casa, sobre la que colocaban los pies, para no pasar demasiado frío, pero rara vez se libraban de los molestos sabañones. En muchas localidades, cada día, por turnos, los escolares aportaban leña para la estufa,  situada junto a la mesa del maestro.


Rejilla para lumbre

Entraban a la escuela a los seis años y salían a los catorce. Los chicos iban con su maestro  y las chicas con su maestra, pues no se contemplaba la coeducación. Como eran clases muy numerosas, el sistema pedagógico más utilizado era la organización por  secciones, según el nivel escolar de cada uno. Los chicos mayores colaboraban con sus maestros en el control y enseñanza de los más pequeños. Por las tardes, las niñas únicamente estudiaban religión y hacían labores, de forma que aprendían cruceta, vainica, incluso encaje de bolillos, que luego les servirían para preparar su ajuar y para desarrollar sus labores de amas de casa.

-Vamos a la escuela, de Monreal de Ariza:

Vamos a la escuela,
vamos a estudiar,
que la escuela es templo
de felicidad.

Aquí está la escuela
y (quien) no quiera venir,
falta en sus deberes,
no será feliz.

Vamos a la escuela,
vamos a estudiar,
que la escuela es templo

de felicidad.